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La vida es muy bonita para vivirla en silla de ruedas

La vida de Teresa Itxaso cambió tras sufrir un accidente de coche

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P.- ¿Cómo fue el accidente? 

R.- Era un coche nuevo que corría mucho y, por lo que me han dicho, debía ir a 160 kilómetros por hora o más. Volvía del trabajo y tuve un despiste en el que, tratando de rectificar, di un volantazo y me salí de la carretera. El coche empezó a dar vueltas y yo no llevaba puesto el cinturón. Me salvé gracias a un chaval. Le había adelantado momentos antes, me vio fuera de la vía, y llamó a Urgencias. 

P.- Y, ¿después? 

R.- Las costillas se me clavaron en los pulmones, de hecho, me tuvieron que entubar enseguida porque me ahogaba. Tenía la cadera y el brazo izquierdo roto, además de un agujero en la cabeza. Cuando leí el parte del accidente... increíble. Lo de menos era la lesión medular. En Toledo pensaban que no iba a salir, que me iba a morir, pero aquí estoy. 

P.- ¿En Toledo? 

R.- Sí, me trasladaron al Hospital Nacional de Paraplégicos de Toledo (NHP) por la lesión medular. Estuve siete meses. 

P.- Y, ¿cómo fue su vida en Toledo? 

R.- Muy fuerte. Tanto la miseria como lo que se vive. También los dramas sangrantes que se ven. Lloré una barbaridad, lo que no está escrito. Allí se vive muy en la inopia, uno no es realmente consciente de lo que está pasando. Se obedece al personal, confiando en que saldrás de ahí pero, poco a poco, la esperanza se va perdiendo. 

P.- ¿Cómo ha conseguido motivarse para seguir adelante? 

R.- Mi hijo solo tenía nueve meses. Él fue quien me dio fuerza y me motivó para seguir hacia adelante. Sobre todo, no quería que él pagase mi error. Pensaba que le podía amargar la vida cuando él no tenía ninguna culpa. Hay otra cosa, si tú siempre has sido una persona con una vida socio-activa, esa personalidad, no tiene porque desaparecer. La actitud tiene que ser positiva y no pensar todo el rato en que tienes problemas. Por ejemplo, no puedes quedar con alguien exclusivamente para llorar porque todo el mundo tiene problemas, sean más o menos sensibles. Al final, si eres positivo, acaba siendo una rueda: cuanto más sales, más a gusto estás; y cuánto más a gusto estás, más sales. 

P.- ¿Es muy independiente? 

R.- Sí. Al principio pensaban que no iba a poder hacer una vida tan independiente como la que hago. Durante mucho tiempo tuve que ir atada a la silla y, cuando llegué a Pamplona, tuve que llevar bitutores —unos aparatos que te agarran la pierna por la parte trasera para ponerla rígida—, para hacer rehabilitación porque perdía el equilibro muy fácilmente. Hay otra gente que necesita más ayuda y más dependencia. De hecho, antes yo necesitaba mucha más ayuda que ahora, pero son tantos años que vas cogiendo fuerza y maña. Acabas haciendo cosas que al principio te parecían imposibles.

P.- ¿Tiene ayudas económicas?

R.- Yo sí, por ser un accidente laboral y por tener una gran invalidez, se me mantiene parte del sueldo que cobraba antes del accidente. Además, la mutua me gestiona todos los materiales que necesito, como cojines o sillas de ruedas. Pero depende mucho del caso, del seguro y de la vida laboral que haya tenido el accidentado anteriormente. Si, por ejemplo, se trata de un joven que no ha tenido vida laboral, puede ser que su futuro dependa de la ayuda económica de familiares o de su nuevo trabajo, que suele ser bastante complicado encontrarlo. 

P.- Ahora, ¿a qué se dedica? 

R.- Principalmente a las tareas domésticas. Hay una chica que viene a casa a hacer lo que yo no puedo hacer. También imparto cursos de sensibilización vial en la Asociación Provincial de Autoescuelas de Navarra (APANA): cuento mi experiencia en un curso que trata de concienciar sobre los peligros que puede presentar la carretera. También he colaborado alguna vez con Mutua Navarra, un ente privado a conciencia de que todo tiene que estar adaptado para las personas con algún tipo de discapacidad. Hace poco hicieron un programa que me pareció la bomba. Consistía en que una trabajadora de la mutua hiciese el mismo recorrido que yo, también en silla de ruedas, para analizar las carencias que se presentaban por el camino. 

P.- Supongo que necesitará más tiempo para hacer las cosas...

R.- Sí. Nada más volver de Toledo, por ejemplo, no podía subir yo sola por las escaleras, por lo que siempre tenía que salir de casa en coche. Para ducharme me tengo que sentar y, tras ducharme, tumbarme en la cama para vestirme. Solo para ducharme y vestirme ya necesito una hora.

P.- Las campañas de la DGT que mucha gente califica como impactantes, ¿piensa que son efectivas? La mayoría de personas las trata de evitar...

R.- Puede que impacten en el momento en que las ves: estás viendo la televisión, la ves y te impacta. Pero a la mañana siguiente, cuando vas a coger el coche, ni te acuerdas. Al día se puede ver mucha gente conduciendo y con el móvil. De hecho, me atrevería a decir que el 99% de la gente, evita el móvil exclusivamente por la multa y no porque puedan sufrir un accidente. Lo común, si un policia te ve con el móvil y te llama la atención, es asustarse los cuatro siguientes días y ya está. La tendencia, después, es a olvidarse. 

P.- ¿Cómo concienciaría a la sociedad de los peligros que supone la carretera? 

R.- Es difícil. Somos tan tontos que no nos damos cuenta de que hay que concienciarse antes y no después de que pase. No nos damos cuenta de que si pasa algo así se puede amargar a toda la gente que te rodea y que, por mínimo que sea el golpe, tú vida va a cambiar. La gente sufre solo por haber reventado el coche cuando nos chocamos, y en esos casos, no deberíamos más que aplaudir y reconocer la suerte de estar bien. Parece que no sepamos que somos inmortales. Mientras tanto, seguiremos pensando que controlamos perfectamente y que somos los mejores conductores. 

P.- ¿Qué supone para los que nos rodean? 

R.- Lo que más duele en estos casos es como salpica tu error a la gente que te rodea. No tiene solución. Somos humanos que sabemos gestionar nuestros propios sentimientos, pero es imposible gestionar los de los demás. Parece que estos accidentes solo le pasan a los de tu alrededor, pero no es así. Hay veces que tiene que pasar para darnos cuenta de que de verdad, puede pasar. Además, el día que menos te lo esperas. Y lo peor de todo, es que la vida es muy bonita como para tener que vivirla en silla de ruedas. 

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©2021 por Blanca Sobrino Giménez. Vino Blanco.

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